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Actividades CLAYSS
Visitamos las Universidades ganadoras del Premio PwC 2008
Cómo es el trabajo que realizan los equipos galardonados en alianza con organizaciones de la sociedad civil

Durante la segunda semana de octubre tuvimos la oportunidad de visitar las Universidades ganadoras del Premio PwC a la Educación 2008. Tal como había ocurrido en los tres años anteriores, la experiencia de ponerse en contacto con los estudiantes y los docentes que llevan adelante proyectos de aprendizaje-servicio de calidad resulta apasionante. Nunca nos deja de conmover el hecho de escuchar el entusiasmo con el que los jóvenes y sus profesores relatan lo que hacen, lo que aprenden, lo que logran. En este caso, además, dadas las características de esta edición del Premio, disfrutamos del plus de conocer a tres líderes comunitarias que encabezan las organizaciones con las cuales las respectivas universidades articularon su experiencia educativa: Elsa, Claudia y Marito. Tres mujeres de esas que podrían dar cátedra de gestión, liderazgo y creatividad.

Servicio socio-habitacional

Estuvimos en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Católica de Córdoba donde el “Servicio socio-habitacional” conducido por la Arq. Daniela Gargantini, a lo largo de los tres años y medio que lleva en funcionamiento, ha articulado sus acciones con aproximadamente 760 familias de comunidades de escasos recursos de Córdoba capital y zona de influencia.

Este servicio se brinda desde la cátedra Problemática socio-habitacional durante un cuatrimestre y consiste en que los estudiantes visiten las comunidades que lo solicitan, realicen un diagnóstico de las necesidades habitacionales que detectan, desarrollen una propuesta para resolverlo que se discute con la comunidad y –en la medida en que existan los recursos económicos para llevarla a cabo- la pongan en práctica.

Las experiencias se monitorean quincenal o mensualmente a través de reuniones de coordinación con la comunidad referente, a fin de evaluar si el proceso va respondiendo a lo planificado y si se ajusta a las necesidades de las familias involucradas.  

 

La entrega o examen final se hace en taller y en algunas ocasiones referentes de las comunidades participan de las mesas examinadoras en carácter de invitados. Desde el punto de vista del aprendizaje, los resultados están garantizados. Porque como nos dijo la Arq. Gargantini durante la visita, en este examen final ningún estudiante puede intentar aprobar con un 4 porque el proyecto que presentan debe poder realizarse, de manera que las notas a las que deben aspirar los alumnos oscilan entre el 9 y el 10.

El Servicio socio-habitacional comenzó siendo una práctica llevada adelante por el Voluntariado de la Universidad , luego se convirtió en una asignatura optativa y, actualmente, es una materia obligatoria que todos los aspirantes a arquitectos que se forman en esa Universidad deben aprobar. Y con muy buenas notas por lo visto.  

 

De las diferentes organizaciones comunitarias con las que articularon, este equipo de trabajo eligió a la Junta de Participación Ciudadana del barrio Santa Isabel, cuya presidenta, Elsa Cabrera, es una profesora de Educación Física jubilada que dirige allí un centro cultural que brinda variadísimas alternativas de capacitación a la gente del barrio.

Una de las acciones que realizó el Servicio Socio-habitacional con la Junta fue brindar en dos oportunidades un curso de albañilería para los vecinos de la zona. La mayoría de los participantes fueron mujeres: una empleada de la Municipalidad , la directora de un Jardín de Infantes, la señora que hace el transporte escolar. Mientras la parte teórica del curso se brindaba en la Universidad (que está a pocas cuadras del barrio), la parte práctica consistió en construir aulas para ampliar el centro cultural. Los alumnos de Gargantini proyectaron y supervisaron las obras que pusieron en pie –ladrillo sobre ladrillo- los vecinos del barrio. Así, hoy, Elsa y sus colaboradores pueden ofrecer apoyo escolar, asistencia psicológica y jurídica, clases de inglés, de computación y diferentes talleres artesanales a todos los chicos y adultos que se acerquen.

Pero Elsa quiere seguir construyendo, porque la demanda de cursos de los vecinos no para de crecer. El dinero del premio PwC va a ser destinado a ese fin.  

Seminario Interdisciplinario de Urgencia Social

De regreso de Córdoba, visitamos la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires, que ganó el Premio PwC 2008 con el SIUS, Seminario Interdisciplinario para la Urgencia Social.

Esta iniciativa –liderada por los arquitectos Estela Marconi y Juan Frid- se inauguró en 2002 durante la crisis socio económica de principios de siglo. Empezó como parte de la cátedra Introducción al Conocimiento Proyectual del CBC y hoy es una materia electiva con créditos académicos para estudiantes de las seis carreras que se cursan en la Facultad. La tarea del SIUS es desarrollar y concretar proyectos que den respuestas a las innumerables necesidades que plantean las organizaciones solidarias y comunidades vulnerables de la provincia de Buenos Aires y de otros puntos del interior del país.

Los estudiantes, según nos explicó Marconi, se inscriben en el SIUS porque les gustó la experiencia que hicieron en el CBC, porque se lo recomendaron sus compañeros o simplemente porque se enteran de que tienen esa posibilidad al consultar la lista de materias electivas que ofrece la carrera. Muchos de ellos encuentran en el SIUS la manera ideal de canalizar el deseo de hacer trabajo social de alguna índole. Y qué mejor que hacerlo poniendo al servicio de la comunidad lo que uno realmente sabe y le gusta hacer.

Así es cómo durante un cuatrimestre, los alumnos de la FADU cursan este seminario desde el cual,  organizados en equipos, continúan proyectos ya en marcha o inician otros nuevos. Estos proyectos son multidisciplinarios y en ellos participan estudiantes de Arquitectura y Urbanismo, Diseño Gráfico, Diseño Industrial, Diseño de Indumentaria y Textil, Diseño de Imagen y Sonido y Diseño del Paisaje.  

En 2002 Frid y Marconi arrancaron articulando sus acciones con La Fundación Los Piletones, de Margarita Barrientos; El Bancapibes y su red de Oyitas, de Alfredo Moffatt, y La Red Solidaria , de Juan Carr. Hoy ya se han aliado con 14 organizaciones diferentes. La OSC elegida para recibir el Premio PwC es el Centro Cultural Expreso Nuevo Horizonte, que Claudia Nichea lleva adelante en su casa de la Villa 21-24, en el barrio de Barracas.

La casa en la que Claudia vive desde que nació, hace 41 años, es una vivienda grande, de las que construyeron junto con los ferrocarriles. Pero no alcanza para dar cabida a la cantidad de chicos a los que Claudia y su mano derecha, Karina Ledesma, están obsesionadas por alimentar y proteger de todos los riesgos que los amenazan, comenzando por el agua que la gente de la villa consume, que está contaminada. El Centro Cultural Expreso Nuevo Horizonte –que nació como merendero- hoy ofrece talleres, asistencia legal, biblioteca, apoyo escolar y actividades artísticas y de entretenimiento para 225 niños y niñas, 75 jóvenes y 60 adultos. Allá van todos los sábados los estudiantes del SIUS: trabajan con los chicos y discuten y monitorean las propuestas que armaron para responder a las necesidades del barrio.  

 

Los futuros arquitectos desarrollaron un proyecto para ampliar la casa e independizar un poco el área usada para el centro cultural, de la parte de vivienda. Los estudiantes de Diseño de Indumentaria están elaborando los bocetos para los trajes de la murga del barrio, que el año pasado no pudo participar de un desfile por falta de la vestimenta adecuada. En este momento están tratando de conseguir el dinero para comprar las telas con las que las mamás van a coser, en el centro cultural, los trajes murgueros. Para conseguir el dinero, utilizan la folletería y las imágenes que los estudiantes de Diseño Gráfico y de Imagen y Sonido elaboraron para mostrarles a empresas e instituciones lo que la gente de Claudia, los estudiantes del SIUS y los de la Facultad de Derecho que van a dar apoyo escolar hacen por esos chicos. Para que la hostilidad y las dificultades que los rodean no les impidan crecer con proyectos e instrumentos válidos para construirse un espacio fértil –un Nuevo Horizonte- donde poder cultivar buenos sueños.

Educación y promoción de derechos en los barrios La Unión y El Mercadito

Cerramos esta movilizadora semana de trabajo visitando a la gente de la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad Nacional de La Plata. La práctica ganadora se titula “Educación y promoción de derechos en los barrios La Unión y El Mercadito” y se lleva a cabo desde 2003 a partir del área de Extensión Universitaria de la Facultad. Lo llevan adelante las doctoras Amalia Eguía y María Susana Ortale y un grupo de estudiantes y de graduados que comenzaron a participar cuando cursaban la carrera.

Este equipo de trabajo -que comenzó con estudiantes de Sociología pero que fue convocando a participantes de otras carreras- desarrolla sus actividades en la Asociación Civil El Nuevo Mercadito, en una urbanización de calles recientemente asfaltadas y donde en los dos últimos años las hileras de casillas fueron reemplazadas por viviendas de material. Allí, donde la mayoría de la población vive del cirujeo,  María Claudia (Marito) Castro de Nievas y su marido, Luis Alberto (Wimpi) Nievas, prestan a la comunidad un galpón -que construyeron con donaciones y trabajo de los vecinos- para realizar las múltiples actividades que emprende la Asociación.

La tarea que realiza el equipo universitario apunta a la educación no formal a través de la promoción de la lectura y la escritura, el desarrollo de actividades artísticas, la alfabetización jurídica, la capacitación en oficios y la promoción de relaciones comunitarias y de la comunidad con las instituciones.

Por ejemplo, es muy popular el taller de telar que coordina la dra. Eguía, quien a su vez sigue formándose en esa práctica para poder enseñarles más cosas a sus alumnas. Allí las mujeres del barrio asisten con sus chicos que, mientras ellas tejen, reciben apoyo escolar, leen libros en la biblioteca “El patito feo” o aprenden a jugar al ajedrez.

La biblioteca empezó en 2006 dentro del marco del Taller Educativo. Hoy, realiza aproximadamente 30 préstamos semanales y cuenta con más de 460 títulos y un total de 62 socios.

Al equipo que lleva años en esta práctica se sumaron en 2008 seis alumnas que cursaron en 2007 el taller de “Capacitación en Extensión” a cargo de las profesoras Eguía y Ortale y cuya parte práctica se realizó en el barrio. Actualmente, los estudiantes, profesores y graduados que integran el equipo suman a su visita de una o dos veces por semana al barrio, una reunión semanal en la Facultad donde intercambian bibliografía, proponen, discuten y acuerdan el plan de trabajo que llevan adelante.

El equipo tiene un área de Relaciones Institucionales a cargo de Laura Peiró, responsable de la difícil tarea de golpear las puertas de las instituciones y los organismos gubernamentales para pedir respuestas a los infinitos problemas que se plantean a diario. Laura  cuenta lo que hacen y dice que es muy poco lo que han conseguido. Los que escuchamos el relato sabemos que lo que Laura y sus compañeras hacen es intentar arrastrar el descomunal carromato del Estado hacia donde debería estar, y que sin su comprometida gestión y la de sus compañeras, nunca se habría conseguido la beca de estudios para un chiquito discapacitado, ni el transporte a la escuela que lo va a buscar, ni la campaña de vacunación antirrábica para los perros del vecindario.

Los talleres y los equipos que trabajan en la Asociación Civil El Nuevo Mercadito son supervisados semanalmente por Susana Ortale, quien tuvo la amabilidad de pasearnos en su auto para conocer el barrio. Durante el recorrido, saludó a cada uno de los chicos, las mujeres y los adolescentes con los que nos cruzamos. Conoce la historia de cada uno de ellos. Susana y Amalia vieron crecer a muchos de esos chicos. Los conocen desde cuando vivían en casillas precarias, rodeadas de barro y basura. Precisamente, por esa desolación que encontraron se instalaron allí.  

En cuanto a Marito y Wimpi, cuando les preguntamos cómo y por qué empezaron a organizar el comedor con el que comenzó esta historia, nos contestaron que a ellos les preocupan los chicos. Ellos tuvieron siete y ahora tienen otros tantos nietos. Saben –sin haber pasado por la Universidad , ni siquiera por el secundario- que lo que ellos les ofrecen es posiblemente la única alternativa que tengan de salir adelante. Ahora ellos se entusiasman con la posibilidad de poder terminar de cerrar el galpón y contar con calefacción para el invierno y buenos ventiladores para el verano. Porque la actividad en casa de Marito no para nunca.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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